Apuntes desde Alcorcón: Recordatorios del móvil

Alberto Viña nos trae una nueva columna semanal sobre el uso del tiempo. Apuntes desde Alcorcón: Recordatorios del móvil

La vida adulta en la que estoy a punto de terminar de sumergirme del todo ofrece pocos chispazos de alegría. Casi que tenemos que creárnoslos nosotros mismos. Y casi que sin el casi.

De esto te enteras cuando los días son prácticamente idénticos. Cuando estudiabas podía pasar cualquier cosa cualquier día. Podía no venir el profesor. Podías tener un descanso entre clases legendario. Podías tener que quedarte a hacer un trabajo en grupo ya en la uni y terminar haciendo de todo menos el trabajo. Yo qué sé. Todo eso y muchas más cosas que os estaréis imaginando. Es lo atractivo de lo inesperado.

De adulto, de mayor, eso ya no existe. La monotonía llega un día, te coge el móvil, te guarda en tus contactos y se fija a sí misma en los chats de WhatsApp. La solución, en mi opinión, también está en el móvil. En el calendario, más concretamente. Ponerse recordatorios para el tiempo libre, para luego. Escribo esto en los descansos del Nadal contra Alcaraz de ayer. El recordatorio que me puse el jueves por la noche me salvó el desastroso viernes. De mayor aprendes que te sueles salvar a ti mismo más veces de las que crees.

De mayor aprendes también que la semana se cree una asesina pero que, a su vez, se la ve venir. El lunes se te enfrenta y te da un par de golpecitos en la cara pero no va mucho más allá. El martes te choca con el hombro cuando te cruzas con él y te pregunta cuál es tu problema. El miércoles te grita algo desde la otra acera y hace ademán de ir a por ti. El jueves solo te mira mal. Y el viernes y el sábado ya no te hacen nada. Incluso puede que te saluden levantando la cabeza. El verdadero problema es el domingo por la tarde.

El domingo por la tarde te agarra del hombro sin avisar y empieza a destrozarte. Ahí no hay pequeñas ilusiones que nos salven. El domingo es saber que al día siguiente comienza todo de nuevo. Y sí, ya sabemos que luego no es para tanto. Que los días duran realmente veinticuatro horas y no la infinitud que nos parece a las once de la mañana. Que las apariencias engañan en este caso. Pero el golpe de efecto siempre lo recibes. Una vez tras otra. Sin excepción.

Defiendo los recordatorios del móvil como nadie en la faz de la Tierra. La palmadita en la espalda en forma de notificación inocente. Como un niño enseñándote su dibujo de ti. Sabes que es lunes o martes. Sabes que el domingo por la tarde volverá siempre. Pero hay algo esperándote que no falla nunca tampoco.

AV

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