Desde mi Colmena en Alcorcón: la Feria del Libro

Nueva columna semanal sobre este acontecimiento que tan importante es para la lectura. Desde mi Colmena en Alcorcón: Los libros esperan

Hace dos años, por estas fechas, desde el sofá, la cama o la ventana, oteábamos el exterior con tristeza de pájaro enjaulado. Veíamos pasar las nubes, las aves libres y los perros con sus dueños en un paseo fugaz.

Envidiábamos su peregrinaje, por breve que fuera. Pero también, por desgracia, descubríamos algún furgón fúnebre o furgones de la policía realizando el mismo servicio que aquél (sí, ellos también tuvieron que asumir la descorazonadora labor de sacar de sus casas a los muertos de nadie, podridos en el olvido).

Como los pájaros, los furgones o las nubes, también vimos pasar las fechas significativas ante nuestra ilusión perdida: el día del Padre sin ver a nuestro padre, la Semana Santa, la Feria de Abril… Se deslizaron entre nuestras expectativas sin pena ni gloria.

Tampoco disfrutamos de esa alegre romería que era acudir a la Feria del Libro.

La pandemia, no contenta con darse un festín de muertes y desolación, se resarció de su fracaso con los que resistimos, arrebatándonos esos pequeños destellos que hacen de la vida rutinaria un mosaico donde brillan los momentos especiales: esas tradiciones, festividades y celebraciones que reúnen a gente querida, o a gente desconocida en la asistencia a un evento que les une.

Estaba prohibido salir, pero muchos encontramos una evasión de la realidad dentro de la legalidad viviendo mil aventuras sin salir de casa…

Tal vez fuimos una niña de familia bien que acabó siendo una pirata legendaria en la época de las colonizaciones; o estuvimos conociendo a otra niña increíble quien, sin salir de un hospital en la fase terminal de su enfermedad, logró llenar de ilusión y sentido la vida de quienes la rodeaban, a base de trucos de magia, dejando en el lector una gran lección vital. Muchos se vieron inmersos en la solución de crímenes horrendos, del brazo de dos intrépidos inspectores; otros esquivaron la mirada de Mordor…, etc. Todos encontramos una salida en multitud de géneros literarios.

Infinitos portales se abrieron en infinidad de hogares, conduciéndonos a mundos alternativos; y así pudimos volar en medio de un confinamiento.

La elaboración de esas entradas mágicas no es fácil. Bueno, sí lo es, en gran parte, porque a un verdadero escritor nunca le falta inspiración. Pero, por la otra parte, si desea transportarnos en el espacio-tiempo a otra época, deberá esforzarse en buscar todos los elementos que necesita documentándose y estudiando para, finalmente, combinarlos en su cabeza hasta crear el decorado que rodeará al lector mientras sigue a los personajes en sus aventuras (así, por ejemplo, yo escribí Las abejas de Malia, pues necesitaba un maestro griego lo bastante erudito y sabio como para realizar la proeza de reconstruir una vida perdida, y recrear el ambiente completo para, entre otras experiencias, llevar al lector a un asedio en Numancia que le pusiera los pelos como escarpias. La aventura requirió un buen baño de Filosofía e Historia).

Ahora, con la recuperada libertad, ha llegado la hora de acordarse de los miles de escritores (somos legión) que, a través de esos objetos por lo general rectangulares llenos de hojas mágicas, fuimos vuestros cómplices ocultos en la evasión. Os esperamos en la feria del Libro para ofreceros puertas nuevas para remontar nuevos vuelos.

Patricia Vallecillo es escritora y vecina de Alcorcón. Su último libro, ‘Las abejas de Malia: el maestro griego‘ se puede adquirir pulsando aquí.

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