Apuntes desde Alcorcón: Para esto se inventaron las vacaciones

Alberto Viña nos trae una nueva columna semanal sobre vivir de vacaciones. Apuntes desde Alcorcón: Para esto se inventaron las vacaciones.

En un vídeo que vi el otro día, un médico le pide una jeringuilla a su ayudante para una inyección colocando los dedos para cogerla. La posición de los dedos recuerda a medio corazón, y el paciente acerca su mano para completar dicha figura.

En verano me siento un poco así. Bueno, más que en verano, en vacaciones, siendo honestos. En vacaciones soy como uno de esos hippies a los que el personaje de Leonardo DiCaprio insulta al principio de ‘Érase una vez en Hollywood’. Dime lo que sea o mándame el mensaje que quieras que ya te leeré cuando suba de la playa. Posiblemente hasta te diga que vale, que haré eso que me estás pidiendo. Incluso un poco más. Si no te prometo cosas en vacaciones, cuando soy feliz, no te las prometeré nunca jamás.

En verano, en vacaciones, soy un compramotos de categoría. El otro día fui a cotillear a un mercadillo que montan siempre en el pueblo donde veraneo. Un vendedor me enseñó un anillo con una frase escrita en un idioma del averno. Completamente indescifrable. El tipo me dijo “mira, así puedes inventarte el significado cada vez que te pregunten por él” y ahora llevo ese anillo en el dedo índice de mi mano izquierda. Y lo enseño y todo. Ni siquiera traté de regatear ni de conseguir un descuento en la compra. Me dio igual. Me da igual todavía. Estoy de vacaciones, qué más me dará.

En verano, en vacaciones, soy más generoso. No sé si destaco por mi altruismo –supongo que la respuesta variará dependiendo de a quién le preguntes-, pero en la playa te pago lo que haga falta para que estés contento. En vacaciones me preocupan menos cosas y con menor intensidad que durante el resto del año. Me río de cualquiera de mis desgracias aunque sepa que después tendré que volver a lidiar con ellas. Con las banderillas en el corazón. Pero no en el resto de días de vacaciones, así que temporalmente no me importan. Supongo que para eso se inventaron las vacaciones.

En verano, en vacaciones, creo en la bondad del ser humano, no hago nada con malas intenciones a absolutamente nadie. Ni siquiera a quien se lo merece. En vacaciones hasta se me ocurren buenas ideas. Incluso querría grabar algún vídeo para subirlo a TikTok. Eso se inventó para el verano, seguro.

Los días van pasando y las vacaciones se asoman al precipicio. Pronto se acabará lo que se está regalando ahora mismo. Las columnas ahora pueden incluso alargarse en su número de palabras, pero una vez mueran mis días libres regresará el estricto y rígido límite de quinientas palabras.

El anillo en lengua extranjera será una baratija sin efectos. Las manos de los médicos volverán a representar solo gestos profesionales y a significar términos del gremio. Seguramente vuelva el pesimismo a los Apuntes desde Alcorcón. Pero no en los de esta semana. No puedo ponerme triste si aparto la mirada del ordenador y veo un manto azul y salado desde la ventana.

AV

Alberto Viña es escritor y vecino de Alcorcón. De hecho, su primer libro “Relatos de taller“, está realizado en colaboración con alumnos y alumnas del ‘Curso de Escritura Creativa’ del Centro Cívico Cultural Cooperante Margarita Burón. Este se puede encontrar en la siguiente página web, o en el mismo centro.

*Queda terminantemente prohibido el uso o distribución sin previo consentimiento del texto o las imágenes propias de este artículo.

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