Apuntes desde Alcorcón: Otro pendiente

Alberto Viña nos trae una nueva columna semanal sobre los rituales y su relevancia. Apuntes desde Alcorcón: Otro pendiente

La semana pasada abrí la puerta a que aparezca el fútbol en estas columnas y nadie me lo criticó. Así que seguimos. Esta semana fue el cumpleaños de Carlos Bilardo, un legendario entrenador argentino conocido por su obsesión por los detalles y sus supersticiones y cábalas. 84 años, se dice pronto.

Son infinitas las anécdotas sobre Bilardo. Cuenta el antiguo futbolista Jorge Burruchaga que les decía que no pusieran los brazos en jarra ni agacharan la cabeza en los partidos porque eran signos de cansancio y de no estar bien. Cuenta Maradona que Bilardo se presentó en su casa de Nápoles con una pila de cintas de vídeo para repasar, entre otras cosas, cómo atacaban los saques de esquina los jugadores de Nigeria. En una escena de la serie del propio Maradona, Bilardo les dice a los jugadores de la selección argentina que si ganaban ese partido debían sentarse y poner las bolsas en el mismo lugar. Uno de los futbolistas suelta una carcajada y Bilardo le responde con un honestísimo “¿de qué te ríes?”.

Me sorprende que Bilardo haya llegado a esa edad tan entero. Tan lúcido. Quienes nos desquiciamos prestando atención a los detalles sabemos que es un trabajo gratificante pero también agotador.  Es un no descansar continuo. No me quiero imaginar cómo llegaré a los 84 años si sigo a este ritmo de planificación y cabalería. Ni siquiera sé si llegaré a esa edad y ya me estoy preocupando. Fijaos. Es una tarea que agota mentalmente. De las que te hace decir «no me he sentado en todo el día» cuando te desplomas sobre el sofá y este te abraza con sus cojines.

Creo que las supersticiones y los rituales tienen tanto peso en el resultado final como el que tú mismo quieras darle. Esta semana me he sacado el carnet de conducir. Aprobé el práctico a la segunda. Del primer al segundo intento cambiaron cosas. La primera y más importante fue la experiencia y las clases extra que di. Pero el resto también tuvieron importancia, al menos para mí. Al segundo examen fui con un abrigo diferente, una camiseta y una sudadera distintas, me cambié los calcetines y las zapatillas, usé otras gafas, me puse otro pendiente y me tomé el café del desayuno en una taza distinta a la del día del primer intento.

Se lo he contado a varias personas y prácticamente todas se han echado a reír, como el futbolista argentino con Bilardo. A mí en cierto modo también me causa gracia, pero sé que sin esos rituales y cábalas habría tenido la mosca detrás de la oreja durante todo el examen. Siento como si hubiera hecho el examen en los momentos previos y no en la propia prueba. Llegaba a una rotonda repleta de coches y pensaba que no me iban a pillar, que fui más listo porque traía un pendiente distinto. Tuve que aparcar en línea y cuesta arriba y lo hice bien porque, claro, me había cambiado las zapatillas. ¿Cómo me iba a salir mal?

Puede que suene ridículo para algunos de vosotros todo esto. Yo creo que en mayor o menor medida todos necesitamos cumplir unos preliminares antes de afrontar cualquier cosa importante. Ya sea un cambio completo como hice yo, llevarse una piedra con una forma un poco extravagante y que funciona como amuleto o tomarse un café con menos leche de lo normal. Esos pequeños gestos nos calman. Siempre están ahí, esperando como la abuela que se queda en la puerta esperando su beso en la mejilla antes de marcharse.

Desde que aprobé el examen no he vuelto a usar otro pendiente. El arito plateado es mi pastor y nada me falta si lo llevo conmigo. No sea que a la vuelta de la esquina me esté esperando otro examen de lo que sea. En planificar y anticipar no hay azar que valga, decía Bilardo.

AV

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