Nueva tribuna del periódico de alcorconhoy en papel del mes de enero. Cuando independizarse se convierte en un lujo

Hay una generación entera de jóvenes que quiere irse de casa y no puede. No porque no trabaje, no porque no lo intente, no porque no quiera, sino porque el mercado inmobiliario se ha convertido en una barrera casi infranqueable. En ciudades como Alcorcón, cada anuncio de compra o alquiler es una pequeña radiografía de un problema mayor: pisos cada vez más caros, condiciones cada vez más duras y una sensación permanente de provisionalidad.

No es una cuestión de expectativas irreales. Es un problema de números. Los precios de compra han crecido mucho más rápido que los salarios. Para comprar un piso medio ya no basta con tener trabajo: hace falta disponer de decenas de miles de euros de entrada, asumir hipotecas largas y aceptar que una parte enorme de los ingresos se irá durante décadas al pago de la vivienda.

Cuando independizarse se convierte en un lujo
Cuando independizarse se convierte en un lujo. Tribuna de enero de 2026, periódico de alcorconhoy

Lo que antes era una meta razonable a los veintitantos, ahora se desplaza hacia los cuarenta o se vuelve inalcanzable. Y cuando la compra se aleja, el alquiler no actúa como una solución puente, sino como otra trampa. Los precios elevados impiden ahorrar.

Esto tiene consecuencias que van mucho más allá del mercado inmobiliario. Afecta a la forma en que una generación piensa el futuro. Retrasa la emancipación, pero también la decisión de convivir en pareja, de tener hijos, de echar raíces. Cuando no sabes si dentro de un año podrás seguir viviendo en el mismo piso, es difícil plantearse proyectos a largo plazo.

Por eso las recientes medidas anunciadas por Pedro Sánchez sobre el alquiler, aunque necesarias, solo tocan una parte del problema. Bonificar a los propietarios que no suban precios o limitar los abusos en los contratos temporales puede aliviar la presión, pero no cambia el desequilibrio estructural: la vivienda se ha convertido en un bien escaso y caro, tanto para alquilar como para comprar.

Mientras tanto, los jóvenes quedamos atrapados sin poder emprender solos nuestra nueva vida como hicieron nuestros padres. No porque solo pensemos en viajar y en comprar “tonterías”, sino porque la vivienda y el crédito se han encarecido de forma desproporcionada. La brecha no es cultural, es inmobiliaria.

En municipios como Alcorcón, el riesgo es claro: convertirse en ciudades donde solo pueden quedarse quienes heredaron, compraron hace años o tienen salarios muy por encima de la media. Eso erosiona la mezcla social, expulsa a la población joven y envejece los barrios. El problema de la vivienda ya no es solo una cuestión económica. Es una cuestión demográfica, social y política. Porque cuando comprar y alquilar se vuelven imposibles, se pone en pausa toda una generación y su derecho a construir una vida propia.

Cuando independizarse se convierte en un lujo
Viñeta del periódico. Cuando independizarse se convierte en un lujo

En este contexto, no pueden pasarse por alto los planes de vivienda que marcarán el 2026 en Alcorcón, desde desarrollos como Retamar de la Huerta hasta estrategias municipales orientadas a reforzar la vivienda asequible y fortalecer el parque de alquiler público. Si Alcorcón consigue traducir esos planes en viviendas efectivas podrá convertirse en un ejemplo de gestión local. Pero para que eso ocurra, estas medidas deben llegar a quienes realmente lo necesitan y no quedarse en titulares o proyectos pendientes. Porque al final, las ciudades que retienen a sus jóvenes son las que permiten que quienes nacen, estudian, trabajan o quieren formar una familia aquí puedan también echar raíces sin tener que renunciar a la vida que desean.

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