Tema de portada de este mes de junio para el periódico en papel. El CREAA ve la luz al final del túnel en Alcorcón como Soho City
Hay pocos lugares en Alcorcón que generen tantas opiniones como el CREAA. Basta con pronunciar sus siglas para que cualquier vecino tenga algo que decir. Algunos recuerdan la ilusión con la que se presentó el proyecto en 2007. Otros lo identifican directamente con años de obras paradas, discusiones políticas y edificios vacíos. Y muchos jóvenes, de hecho, han crecido viendo esa enorme estructura junto a la estación de Joaquín Vilumbrales sin haber conocido nunca otra realidad.
Durante más de una década, el Centro de Creación de las Artes de Alcorcón ha sido uno de los símbolos más visibles de una ciudad que soñó a lo grande con Enrique Cascallana como alcalde y que acabó chocando con la crisis económica. Lo que iba a ser uno de los complejos culturales más importantes de la Comunidad de Madrid terminó convirtiéndose en una de las grandes asignaturas pendientes de nuestro municipio.
Ahora, después de años de incertidumbre, el Ayuntamiento asegura haber encontrado una solución definitiva. Los ocho edificios que forman el complejo ya tienen adjudicatario y un nuevo nombre: Soho City. Detrás del proyecto aparecen empresarios culturales, inversores privados y nombres tan conocidos en la cultura española como Santiago Segura, José Mota o Antonio Banderas.
La pregunta que muchos vecinos se hacen es sencilla: ¿será esta la definitiva?
El sueño de una ciudad que quería ser referencia mundial
Para entender todo lo que rodea al CREAA hay que viajar casi veinte años atrás. A principios de los años 2000, Alcorcón vivía una etapa de crecimiento. La ciudad superaba los 160.000 habitantes y buscaba proyectos capaces de situarla entre los municipios más importantes de la región. En aquel contexto nació la idea del Centro de Creación de las Artes con Enrique Cascallana como alcalde.
No se trataba de construir un simple teatro o una casa de cultura. La propuesta era mucho más ambiciosa. Se hablaba de auditorios, salas de exposiciones, espacios de formación artística y edificios preparados para albergar grandes espectáculos. La intención era crear un auténtico distrito cultural capaz de atraer actividad económica, visitantes y oportunidades para la ciudad. Sobre el papel sonaba espectacular. Pero entonces llegó la crisis y se echó el freno de mano de golpe.

Las dificultades económicas comenzaron a acumularse y el proyecto fue perdiendo impulso hasta quedar prácticamente paralizado. En 2012 se rescindió el contrato de construcción con el Partido Popular gobernando y el complejo quedó atrapado en una situación que parecía no tener salida. A partir de ese momento comenzó una etapa extraña. Los edificios seguían allí. Eran visibles para miles de personas cada semana. Pero nadie sabía exactamente qué iba a ocurrir con ellos.
Año tras año, el CREAA aparecía en titulares, debates electorales y plenos municipales. Cada gobierno prometía buscar una solución a este problema que llegó a ocupar el 60% de la deuda del Ayuntamiento de Alcorcón. Cada oposición criticaba la gestión anterior. Mientras tanto, las estructuras seguían esperando a recibir un uso para el que nacieron. Con el paso del tiempo, muchos vecinos dejaron incluso de preguntarse cuándo se terminaría. Simplemente asumieron que formaba parte del paisaje de nuestra ciudad, sin aportar mucho más que la ubicación de un gigantesco complejo sin razón de existencia.
Un símbolo del paso del tiempo
Lo curioso del CREAA es que ya forma parte de la historia reciente de Alcorcón. Hay niños que nacieron cuando las obras estaban paralizadas y que hoy son adolescentes. Hay vecinos que han cambiado de barrio, de trabajo o incluso de ciudad mientras el complejo seguía exactamente igual, sin sufrir cambio alguno.
Por eso, más allá de los datos económicos o de los enfrentamientos políticos, el CREAA tiene una dimensión emocional difícil de medir. Para algunos simboliza la ambición de una ciudad que quiso crecer en aquellos años. Para otros es el recordatorio de decisiones que nunca llegaron a dar resultado. Y para muchos simplemente es esa enorme construcción que lleva años esperando la oportunidad para poder explotar una idea que, en su momento, parecía de lo más innovadora.
Llega Soho City para revolucionar Alcorcón
Esa segunda oportunidad es precisamente la que ahora intenta impulsar el Ayuntamiento. La propuesta adjudicada contempla una inversión cercana a los 30 millones de euros para terminar las obras pendientes, algo que desde el PSOE recriminan al PP, ya que el contrato rescindido en 2012 contenía la misma cantidad para finalizar estos trabajos. El complejo pasará a llamarse Soho City y estará gestionado por el Grupo Wonderland, una empresa especializada en gestión cultural y espectáculos, ampliamente conocida en el ámbito internacional.
La idea es que los edificios tengan usos muy diversos. Habrá espacios para teatro, circo, producción audiovisual, exposiciones, restauración y actividades relacionadas con la cultura y el entretenimiento. Según el Ejecutivo local, la concesión permitirá terminar el proyecto sin que la inversión recaiga directamente sobre las cuentas públicas. Sobre el papel, la propuesta es probablemente la más sólida que se ha presentado desde que el proyecto quedó paralizado hace tantos años.

Si algo ha contribuido a que la noticia tenga tanta repercusión, incluso a nivel nacional, son los nombres que aparecen vinculados a la iniciativa. Santiago Segura, José Mota y Antonio Banderas forman parte del grupo de profesionales relacionados con el proyecto. Evidentemente, son nombres que generan expectación y que ayudan a visualizar el tipo de actividad cultural que se pretende desarrollar, ya que han realizado diversos movimientos en los últimos años para entender la seriedad que hay detrás. La gestión del Teatro Pavón recae en sus hombros, así como la adquisición del Castillo de Pedraza para albergar eventos culturales, son los mejores ejemplos.
Sin embargo, la otra figura clave parece ser Luis Álvarez, empresario cultural y responsable de proyectos como el Gran Teatro Príncipe Pío de Madrid. Su experiencia recuperando espacios culturales es una de las principales cartas de presentación del proyecto. Y quizá sea precisamente eso lo que más interesa a los vecinos: garantías de que un proyecto va a funcionar basándose en la trayectoria anterior de quienes lo van a gestionar.
Algo más que la cultura
Cuando se habla del futuro del CREAA suele ponerse el foco en los espectáculos, los teatros o las actividades culturales. Pero el impacto podría ir bastante más allá. Un complejo de estas dimensiones puede atraer visitantes, generar empleo y dinamizar una zona entera de la ciudad. Restaurantes, comercios y negocios de los alrededores podrían beneficiarse de una afluencia constante de público. Tampoco podemos olvidarnos de ATENPRO, que busca ser un referente a nivel europeo para la atención, proyección y formación de víctimas de violencia de género.
En otras ciudades españolas existen ejemplos de equipamientos culturales que han acabado transformando barrios completos. Esa es precisamente la aspiración de quienes defienden el proyecto: convertir una infraestructura abandonada en un motor de actividad para Alcorcón que la sitúe en el mapa internacional. Aun así, nadie parece dispuesto a lanzar las campanas al vuelo. Después de tantos años de anuncios, la reacción de muchos vecinos mezcla ilusión y prudencia a partes iguales. Sobre todo acerca de lo segundo, ya que ha habido tantos proyectos anteriormente que la paciencia se puede agotar.
¿Será la definitiva?
El CREAA ha sido durante años uno de los grandes interrogantes de Alcorcón. Ha sobrevivido a crisis económicas, cambios políticos y debates interminables sobre su futuro. Ahora afronta una nueva etapa que puede cambiar definitivamente su historia, pero también la de nuestro municipio.
Todavía quedan muchas preguntas por responder. Queda por ver cómo evolucionan las obras, qué actividades llegarán finalmente al complejo y si las expectativas generadas terminan cumpliéndose. Pero hay algo que sí parece claro: después de casi dos décadas de espera, el CREAA vuelve a moverse. Aunque, para eso, tocará esperar al próximo mes de diciembre, cuando se espera realizar una presentación en el circo, justo al salir de la estación de Metro de Joaquín Vilumbrales, para ver si nos acercamos a la luz al final del túnel.
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