Nueva columna semanal con un tema muy importante para la salud y el ejercicio. La ventana de Alcorcón: No más muertos
El consumo de esteroides anabólicos entre menores de edad en el ámbito del fitness es un fenómeno que ha ganado visibilidad en los últimos años, impulsado por la cultura de la transformación corporal, la presión social y el acceso casi ilimitado a información y sustancias a través de internet. Más allá de la polémica, existen datos y evidencias que obligan a plantear el problema con seriedad: algunos adolescentes no sólo consumen estos compuestos sin supervisión médica, sino que a menudo lo hacen sin comprender plenamente los riesgos que conllevan.
Los esteroides anabólicos son sustancias sintéticas derivadas de la testosterona, diseñadas para promover el crecimiento muscular y mejorar el rendimiento físico. Su uso médico está restringido a situaciones específicas, como ciertos trastornos hormonales. Sin embargo, en el mundo del deporte y el fitness se emplean de manera no terapéutica para acelerar cambios físicos que de otro modo requerirían años de entrenamiento riguroso.
En el caso de menores de edad, las motivaciones son diversas. La falta de autoestima y la presión estética, reforzada por redes sociales y figuras de referencia con físicos altamente musculados, pueden llevar a jóvenes a buscar atajos. La competencia en gimnasios, comentarios de los brothers (odio ese apelativo) e incluso factores psicológicos, pueden empujar a algunos adolescentes (y también adultos) a considerar los esteroides como una solución rápida.
El uso de esteroides en menores es especialmente preocupante por la vulnerabilidad del organismo, que aún está en desarrollo. Entre los efectos secundarios más documentados se encuentran:
- Alteraciones en el crecimiento: el cierre prematuro de las placas de crecimiento puede resultar en una estatura adulta menor a la que biológicamente correspondería.
- Daño hepático: muchos esteroides se metabolizan en el hígado, lo que puede causar toxicidad y enfermedades hepáticas.
- Problemas cardiovasculares: incremento de la presión arterial, cambios en los niveles de colesterol y mayor riesgo de problemas cardíacos.
- Cambios hormonales: supresión de la producción natural de testosterona, atrofia testicular y posibles impactos en la capacidad sexual y la fertilidad futuras.
- Efectos psicológicos: irritabilidad, agresividad, cambios de humor y, en algunos casos, dependencia, porque una vez alcanzan su prime no pueden mirarse al espejo y volver a verse normales cuando lo han dejado o están fuera de ciclo.
- Estos riesgos se amplifican cuando el consumo se realiza sin control médico, con dosis no ajustadas ni supervisadas, y en combinación con otras sustancias cuyo origen y composición son desconocidos (muchas vienen de China y están producidas en laboratorios ilegales). Llevamos años siendo testigos de multitud de jóvenes fallecidos por el uso de química.
La proliferación de información en redes y foros ha contribuido a una percepción errónea de seguridad en el uso de esteroides. Consejos de ciclos y recomendaciones de dosis circulan libremente, muchas veces sin respaldo científico. La facilidad para adquirir estas sustancias, tanto a través de redes clandestinas como de mercados digitales (los Sarms, que son pastillas que modulan selectivamente los receptores de andrógenos, hasta hace poco se podían adquirir libremente y esquivaban los controles antidopaje), elimina barreras que antes restringían su acceso. Ya no es indispensable tratar con el típico camello de gimnasio.
La desinformación actúa como catalizador del problema: jóvenes que carecen de educación básica sobre farmacología, endocrinología o riesgos sanitarios pueden creer que los beneficios justifican la ingesta de compuestos potencialmente dañinos.
Frente a esta situación, diversas organizaciones de salud y expertos en medicina del deporte han enfatizado la importancia de estrategias preventivas centradas en educación integral. Esto incluye:
- Programas escolares que aborden el cuidado de la salud.
- Formación específica para entrenadores y personal de gimnasios sobre signos de uso de sustancias y formas de orientar a jóvenes.
- Campañas públicas que comuniquen con claridad los efectos adversos de los esteroides, diferenciando entre mitos y evidencias (los chavales no saben que en cuestión de uno o dos años de pincharse envejecerán diez o más, se acortará su esperanza de vida y desarrollarán multitud de problemas de salud).
A nivel regulatorio, muchos países mantienen leyes estrictas sobre la comercialización y prescripción de anabólicos; sin embargo, la efectividad de estas normas se ve limitada por el comercio electrónico y la globalización de mercados no regulados.
Conclusión
El uso de esteroides anabólicos por parte de menores, y en general en el mundo del fitness, constituye un desafío de salud pública que combina factores culturales, educativos y regulatorios. Los riesgos para la salud física y mental son elevados, especialmente cuando estos compuestos se emplean sin supervisión médica. El problema debe atacarse desde varios ángulos: perseguir legalmente el tráfico de estas sustancias, mejorar la educación, tanto de los jóvenes como de los adultos responsables del entorno de estos y promover una cultura del fitness basada en la salud, el esfuerzo sostenido y la evidencia científica; no en atajos dañinos.
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