El taller de las ideas de Alcorcón: ahora o luego

El taller de las ideas de Alcorcón: ahora o luego

Nueva columna semanal sobre un estilo de vida saludable. El taller de las ideas de Alcorcón: ahora o luego

Hablando con una amiga, caímos en la cuenta de cómo hemos ido cambiando con la edad. Cuando somos niños, casi todos buscamos el premio o la satisfacción inmediatos, tenemos un ansia incontrolable por satisfacer las necesidades básicas, puede que por instinto de supervivencia, «por si luego no podemos hacerlo».

Realmente, no somos muy diferentes del hombre del paleolítico, solo que en lugar de tener ansiedad por temer pasar hambre o por miedo a animales salvajes, entramos en estado de alerta por razones muy diferentes: el trabajo, los niños, las extraescolares, el tráfico, porque se ha roto la lavadora, los exámenes, el desamor e incluso motivos tan nimios como que se haya agotado en el súper tu cerveza favorita.

¿En qué se traducen estas nuevas fuentes de estrés? En que hay dos millones de españoles tomando ansiolíticos y otros tantos que aún no los toman porque no se han decidido a ir al médico.

Bien, una vez aclarado este punto, que evolutivamente hablando casi no hemos cambiado en dos millones de años, voy a tratar el segundo:

La esperanza de vida ha aumentado de los veinte o treinta años a los ochenta y dos, lo que conlleva una serie de ventajas e inconvenientes: los inconvenientes son, que al vivir más, sufrimos degeneración mental y física. La mayor ventaja, es el nivel de desarrollo personal, sabiduría y experiencia que podemos llegar a acumular. Esto significa que, al vivir más tiempo, tenemos el potencial de mejorar nuestro control de las emociones y de proponernos objetivos a medio y largo plazo que nos permitirán obtener una recompensa mayor que la inmediata.

¿A qué viene todo esto? A que llegados a cierta edad, el que se ha esforzado en evolucionar, es capaz de hacer cosas que no hubiera podido cuando era más joven; por ejemplo, cuidar su salud.

Voy a desarrollarlo un poco más, a ver si puedo explicarlo con claridad: cuando se es joven, el cuerpo lo admite «todo». Puedes comer como si no hubiera un mañana, beber, trasnochar…  y todavía te queda energía para más, todo ello sin que se resienta la salud. Pero con los años, esto cambia, y si no te adaptas, sí que empiezan los problemas. Te das cuenta cuando comienzas a despertarte en mitad de la noche sin motivo aparente, cuando te levantas con sensación de cansancio, al sentir cómo crujen tus rodillas al agacharte o al exclamar ¡ay! al levantarte. Si un día te excedes con la comida ya no tienes hambre a la cena y si te acuestas tarde al día siguiente no te aguantas ni tú.

Yo me he molestado en aprender sobre autocuidado y, en la medida de lo posible, con la limitada fuerza de voluntad que tengo, me aplico todo lo que puedo. Voy a enumerar algunos hábitos para que pruebes, hábitos que he comprobado en primera persona que han sido buenos para mejorar mi bienestar físico y mental:

1- Mantenerte activo. Eso significa alcanzar los 10.000 pasos diarios, a ser posible a buen ritmo, que te obligue a jadear un poco. Y no digo correr, porque está sobrevalorado (al igual que la natación). El ser humano está diseñado para andar largas distancias y esprintar unos pocos metros, por lo que correr largas distancias, aunque sea mucho mejor que el sedentarismo, por supuesto, no es lo más sano, de ahí que ahora tengan tanto trabajo los traumatólogos, los fisioterapeutas…

2- Ejercicios de fuerza. Con esto me refiero a levantar pesas, hacer ejercicio con el propio peso corporal, calistenia, TRX, Kettelbell… Lo que sea que suponga activar tus músculos a tope; no infinidad de repeticiones, sino entre seis y quince con mucho peso, dejando alguna repetición en la recámara, pero solo alguna. Eso aumenta el número de fibras musculares, el grosor de estas y la densidad ósea.

3- La meditación. Meditar es ejercitar la mente. Ayuda a eliminar el estrés y a ver con más claridad lo que ocurre en tu entorno, permitiéndote ser consciente del «momento presente», disfrutar más del día a día y tomar mejores decisiones.

4- Descansar. Si tienes problemas, no recurras a las pastillas, porque son tiritas adictivas que no van a solucionar tu problema. El ejercicio, meditar, la melatonina, la ashwagandha, la «higiene del sueño» y el triptófano serán tus aliados. Por cierto, no te vayas a la cama con la tripa llena.

5- Comer bien. Variado y huyendo de los precocinados.

Como cualquier hábito, te costará acostumbrarte, pero una vez lo consigas, observarás una clara mejoría en tu calidad de vida, «obtendrás una recompensa mayor que con una actitud de “viva la vida”».

Jose Luis Blanco Corral es autor de Cuando no quedan lágrimas, publicado en Amazon y Vidas Anodinas, publicado por la editorial Suseya.

*Queda terminantemente prohibido el uso o distribución sin previo consentimiento del texto o las imágenes propias de este artículo.

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