Recuerdos del municipio de hace décadas con un acontecimiento terrible. Cuando la banda del Longo atemorizaba Alcorcón

Mediados de los años 80. Yo tenía 15 años y Alcorcón era mi mundo. A esa edad uno empieza a creerse mayor, a salir más, a mirar la calle de otra manera. Pero también fue la época en la que conocimos el miedo. Porque había nombres que pesaban. Cherokee, el Indígena… pero Longo era otra cosa.

Recuerdo perfectamente cómo nos hablábamos unos a otros con recelo. “Cuidado si bajas solo, que andan por ahí los del Longo”. No era una leyenda urbana. Eran chicos reales, de carne y hueso, muchos de ellos hermanos, que se habían ganado a pulso la fama de meter miedo. Se movían en grupo y se decía que no les temblaba la mano. A más de uno le quitaron el dinero, el reloj o las zapatillas nuevas. Y algunos salieron con un corte en el brazo en forma de L, como una firma cruel grabada a navaja.

Cuando la banda del Longo atemorizaba Alcorcón
Cuando la banda del Longo atemorizaba Alcorcón

En aquel tiempo, ser joven en Alcorcón significaba aprender rápido. Saber con quién cruzarte y con quién no. Esconder las monedas en el calcetín. No ir solo. Tener siempre un plan de huida. Lo que más dolía no era solo el susto, sino la sensación de que algo se había roto. Que la calle ya no era del todo segura.

Lo que más me impacta al recordarlo hoy es saber que muchos de aquellos chavales eran del barrio. Hermanos, hijos, amigos de alguien. Y que, con el tiempo, casi todos se fueron apagando por culpa de la droga. Los hermanos que lideraban aquella banda murieron jóvenes. Aquello no fue solo una historia de violencia. Fue una historia de abandono, de heridas sin cerrar, de un pueblo que aún no sabía cómo proteger a sus propios hijos.

Cuando la banda del Longo atemorizaba Alcorcón
Cuando la banda del Longo atemorizaba Alcorcón

Hace poco cayó en mis manos un ejemplar de El Caso de 1979. Al leer aquel reportaje, con su tono sensacionalista y sus titulares enormes, “Un barrio atemorizado por los niños”, entendí que no exageraban. La angustia era real. Hoy lo recuerdo todo con una mezcla de tristeza y ternura. Porque detrás de cada historia dura, había un chaval buscando su sitio.

Hoy Alcorcón es otro. Pero aquellos años también forman parte de lo que somos. Aprendimos, crecimos, resistimos. Y aunque muchos se quedaron en el camino, su recuerdo merece ser contado. No para señalar, sino para entender. Para no repetir.

Cuando la banda del Longo atemorizaba Alcorcón
Cuando la banda del Longo atemorizaba Alcorcón

Pongamos que hablo de Alcorcón. El de los parques sin columpios, los portales oscuros y los códigos no escritos. El de las cicatrices en el brazo y los silencios en casa. Y pongamos también que sí, que seguimos aquí. Porque este pueblo, incluso en sus sombras, nos enseñó a salir adelante.

Cuando la banda del Longo atemorizaba Alcorcón
Cuando la banda del Longo atemorizaba Alcorcón

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