Nueva columna para este sábado con un gran final para un relato más de fin de semana. Alcorcón extraño: Un encuentro en el Tres Aguas
—Todo empezó en la zona de las tiendas de ropa —explicó el guardia mientras subían por las escaleras mecánicas paradas—.
El vigilante aseguró que, a las tres de la madrugada, oían correr a alguien por los pasillos de un lado a otro. Y en ocasiones encontraban productos cambiados de lugar. Pero no lograban ver al causante.
Llegaron frente a un gran escaparate de electrónica. José Luis encendió la grabadora y comenzó a grabar un vídeo con el teléfono. En apariencia no se observaba nada llamativo, pero de pronto, se escuchó un golpe seco, como si se hubiera caído algo pesado en el interior de la tienda. La lámpara que alumbraba el expositor del escaparate se balanceó lentamente y se desprendió algo de yeso del techo.
—Mire la pantalla —susurró el guardia.
José Luis dirigió el objetivo hacia el interior y la imagen se volvió granulada, como si hubiera interferencias. Era frustrante que tantas veces ocurriese lo mismo. Ojalá algún día descubriese el motivo. Pero esta vez logró ver algo con sus propios ojos: una pequeña silueta con forma humanoide de piel roja y cabeza desproporcionada, que permanecía inmóvil agazapada y asomándose desde detrás del mostrador.
De repente, un televisor de la sección de electrónica se encendió solo y comenzó a sonar un programa antiguo de hace quince o veinte años. En el rótulo digital del escaparate, las letras empezaron a aparecer con calma, una tras otra.
—Gracias por venir a mirar, me dijeron que vendrías», rezaba el mensaje.
—¿Quién eres? —preguntó José Luis al aire.
—Alguien que tenía curiosidad por conocerte.
El silencio fue la respuesta, hasta que un expositor publicitario se desplomó de golpe. José Luis retrocedió un paso justo cuando algo cruzó delante de los dos a una velocidad inverosímil. Era un ser pequeño, apenas más alto que una botella. La criatura se detuvo un segundo, sonrió con una mueca torcida que reveló hileras de dientes diminutos, huyó hacia los conductos de ventilación y desapareció por uno al que le faltaba la rejilla.
En la grabación de audio, una vez limpia, se pudo escuchar con perturbadora claridad una voz grave que susurraba: «Eres famoso entre nosotros, José Luis. Volveremos a vernos».
José Luis abandonó el centro comercial cuando el sol empezaba a despuntar sin haber logrado ver nada más y desde entonces no volvieron a oírse aquellos pasos.
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