Un nuevo relato de misterio con una sorpresa final para esta sección de cada sábado. Alcorcón extraño II: Qué locura
El problema comenzó un lunes por la noche en el edificio administrativo del Ayuntamiento de Alcorcón. A las diez y veinte, según las grabaciones de las cámaras, las luces de la tercera planta cobraron vida propia: primero una, luego varias y, finalmente, todas iniciaron un parpadeo frenético. En ese instante, los ordenadores se reiniciaron sin previo aviso, las impresoras escupieron ráfagas de hojas en blanco y los teléfonos internos marcaron extensiones al azar. En la recepción, la pantalla de control del sistema de citas previas se convirtió en un festival de luces intermitentes. La escena se repitió con mayor virulencia la noche siguiente, y el miércoles el caos fue total: al llegar, los funcionarios hallaron la oficina sepultada bajo montones de papel. Algunas impresoras habían trabajado durante horas vomitando folios sin parar.
Pese a que el técnico informático revisó palmo a palmo la red, no halló virus, fallos eléctricos ni rastro de hackeo. Fue entonces cuando alguien recordó a José Luis, el columnista de misterio de alcorconhoy.com que investigaba lo insólito.
José Luis llegó esa misma tarde al edificio y le abrió Pablo, el técnico de mantenimiento.
Todo estaba silencioso bajo unos pocos fluorescentes que habían dejado para que pudiesen moverse por el lugar sin tropezar con nada.
El responsable de mantenimiento lo guió hasta la tercera planta.
—Todo empieza aquí, José Luis—indicó, señalando la hilera de mesas de trabajo.
—¿Ocurre siempre a la misma hora? —preguntó José Luis.
—Más o menos. Sobre las diez.
José Luis inspeccionó el entorno: ordenadores apagados, impresoras mudas y monitores en negro. Todo parecía normal, demasiado normal.
—¿Trabajó aquí alguien que tuviera problemas con su puesto? —quiso saber el investigador.
El hombre vaciló un instante.
—Hace años. Una administrativa. Se jubiló anticipadamente… o eso dijeron.
—¿Cómo se llamaba?
—Carmen Ortega.
José Luis anotó el nombre y, al filo de las diez, se acomodó frente a uno de los terminales. A las diez y doce, se desató el fenómeno y Pablo salió corriendo del edificio. La pantalla se encendió, el cursor cobró vida y las teclas comenzaron a hundirse rítmicamente bajo unos dedos invisibles, deletreando palabras con urgencia. José Luis observó el proceso sin intervenir hasta que una frase quedó grabada en el monitor: «No es justo».
Las luces del pasillo pestañearon con violencia y las impresoras arrancaron al unísono, inundando el suelo con hojas impresas a toda velocidad. José Luis recogió una y comprobó que el mensaje se repetía como un mantra obsesivo: «No es justo».
Si llevas tiempo leyéndome y te gustan mis historias, puedes adquirir Alcorcón extraño I en Amazon. Es difícil escribir e intentar ser original semanalmente durante tanto tiempo (más de 100 relatos) y agradecería tu apoyo para seguir esforzándome tanto.
Cuando salga publicado Alcorcón extraño II, descubrirás el final de los relatos a parte de algunos inéditos.
Puedes seguirme en Instagram, donde me encontrarás como @sinvertock.
*Queda terminantemente prohibido el uso o distribución sin previo consentimiento del texto o las imágenes propias de este artículo.
Sigue al minuto todas las noticias de Alcorcón. Suscríbete gratis al
Canal de Telegram
Canal de Whatsapp
Sigue toda la actualidad de Alcorcón en alcorconhoy.com











