Nueva columna para este sábado muy interesante, un fin de semana más para los lectores. Un juglar en Alcorcón: Que fizo un joglar en el final de mes de setiembre
Del desahucio de doña Maricarmen
Otra nueva más amarga corre por Madrit la villa:
una dueña de ochenta e siete años, de grant silla,
que setenta inviernos habitó en la mesma morada,
fue echada de su casa por sentencia bien firmada.
Doña Maricarmen ha nombre, e trae el cuerpo lisiado;
sacáronla los ballesteros con hierro e con cuidado.
El pueblo se alzó en plaza, con hachones e pregones,
e dixo: «Maricarmen somos todos los peones».
Lleváronla al hospicio, do yace con gran quebranto,
sin techo cierto aún, e el corazón en llanto.
El rey Sánchez acusó a la señora de Madrit,
doña Isabel Ayuso, e al alcalde que allí sitia,
diziendo que desatendieron la merced e la posada
de la vieja que por setenta años honró aquella morada.
Ella respondió que la ley se cumplió sin engaño,
e que veynte e cinco mil desahucios pasan cada año.
Los de Sumar demandan que se tome la casa al dueño,
e los de Junts tornan a fablar del decreto pequeño.
Así lidian los barones por techo e por dineros,
mientras la dueña espera merced de caballeros.
De los carros de hierro
Otra nueva de gran cuita por España se ha cantado:
trata de los carros de hierro e de las vías de metales,
que traen a los caminantes con angustias e con males.
En las estaciones del norte, del sur e de la corte,
esperan los labradores e la gente de buen porte;
míranse los relojes con grant saña e descontento,
mas el tren del ministro Puente no viene en el momento.
Oyen voces por las plazas de máquinas averiadas,
de catenarias rotas e de vías traspasadas;
los mozos van a los trabajos con cuita e con pavor,
mientras los sabios lidiadores disputan con furor.
Dize el ministro con esfuerzo que la vía es la mejor,
mas el pueblo en los andenes padece grant calor;
reclaman los de la tierra que se arregle el caminar,
e que los carros de hierro vuelvan pronto a cabalgar.
Así pasan las mañanas entre espera e gran clamor,
con los viajeros en saña e los trenes sin vigor.
Finida
Estas son las dos nuevas que el joglar vos ha cantado,
en verso de antigua ley, como antaño se ha usado.
Quien oye, que se acuerde de la dueña e los vasallos,
e ruegue que Dios dé paz a la tierra e a sus vasallos.
Aquí se cierra el cantar, Dios vos dé buena ventura,
e guardad vuestras casas e vuestras fronteras duras.
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