Nueva columna para este sábado muy interesante, un fin de semana más para los lectores. Un juglar en Alcorcón: Del reino de Francia y la guerra contra los quemahuesos
Cantar I: Los quemahuesos y sus cómplices
De cómo más de diez mil firmas y el pueblo unido alzan su voz y claman justicia en los tribunales contra el crematorio.
Escuchad, buenos señores, una historia de quebranto,
que en las tierras de Alcorcón hoy se torna en triste canto.
En el polígono Urtinsa, quieren alzar
la chimenea que el buen aire ha de dañar.
Interfunerarias vino en el año veintiuno,
pidiendo al concejo sin consulta a ciudadano alguno.
Pasaron cuatro largos años en silencio y en secreto,
hasta que en marzo del veintiséis les otorgaron el decreto.
Despertaron los vecinos al saber de la traición,
y en la Plataforma unida levantaron su bandera.
Diez mil firmas recolectan, diez mil almas con tesón,
demandando la de oficio revisión ñdel ayuntamiento en Alcorcón.
Mas el concejo, sordo a la voz de la gente,
cerró sus puertas y oídos al clamor de los presentes.
Nació así la PATCA, firme, con valor y con justicia,
llevando a los tribunales tan amarga e ruin noticia.
Admitida fue la causa en los jueces de la villa,
que abrieron puertas a la esperanza de parar esta pesadilla.
Mas la lucha es ardua y dura contra el poderoso y rico,
y la hueste de los vecinos precisa plata como apoyo.
Con monedas y aportes piden la ayuda del hermano,
para pagar las costas y parar al aprovechado.
Que el aire de nuestro barrio limpio siga en su volar,
¡escuchad esta juglaría y salid a pelear!
Cantar II: París en llamas
Oíd, señores, un cantar de verdad,
de tierras de Francia do reina la inquietud.
Grande es el reino y grande su pueblo,
mas hay quienes temen y hay quienes no se están.
Cuéntase en París, por encuesta muy cierta,
hecha por sabios del instituto IFOP,
que de los musulmanes que en Francia moran,
casi la mitad, el cuarenta y seis por ciento,
si Marine Le Pen al trono subiere,
pensarían partir de aquellas tierras,
buscar otros reinos do vivir en paz.
Y de ellos, uno de cada cinco,
sin duda alguna, con firmeza diría:
«Yo me iré de Francia, no quiero quedar».
Temen los fieles del islam, según dicen,
que crezcan las agresiones y el agravio,
y el ochenta y uno por ciento así lo cree.
Otros, el veintisiete, ocultarían su fe,
y algunas mujeres del velo se despojarían,
por miedo a las leyes que se anuncian ya.
Mas el pueblo de Francia, en su mayor parte,
quiere la laicidad más firme y clara:
más de la mitad no quiere el hiyab en la calle,
y tres de cada cuatro aprueban prohibir la abaya
en las escuelas del Estado, do se forma la juventud.
Ciérranse mezquitas do predicaban odio,
disuélvense asociaciones de radicales doctrinas,
y el poder de la República defiende su ley,
mancillada repetidas veces por los ingratos acogidos.
Hay quien dice que el islam quiere el reino,
hay quien dice que son solo pobres y temerosos;
la verdad, señores, es compleja y honda,
y el juglar no juzga, solo cuenta lo que ve,
que entre buenos hay una masa hedionda.
En las calles arden a veces los coches, que no son modos,
y se alzan banderas de lejanas tierras,
mientras otros piden maestros y pan.
Así vive Francia en este tiempo presente,
entre el temor de unos y la firmeza de otros,
aguardando las urnas del año que viene,
do el pueblo dirá quién ha de reinar.
Aquí se acaba el cantar, señores,
que el juglar ha contado con verdad y mesura.
Quien quiera saber más, que lea las crónicas
y juzgue por sí, que así es la razón.
Fuente principal: encuesta IFOP para Marianne, octubre de 2026.
*Queda terminantemente prohibido el uso o distribución sin previo consentimiento del texto o las imágenes propias de este artículo.
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