Nueva columna para este sábado muy interesante, un fin de semana más para los lectores. Un juglar de Alcorcón y la educación en los reinos
Oid, oid, cristianos y buenos pobladores, de un feudo desdichado y de grandes dolores. De los reinos de España traigo nueva pesada, de una triste contienda que ha sido malograda.
Por los campos de Hispania pregonan la desgracia, que en las aulas del reino flaquea la perspicacia. Cruzó los siete mares un mensajero presto, con un rollo sellado y un triste bando: el informe que nombran los sabios de PISA, que a maestros y señores quitó la gran sonrisa.
En la tabla de cuentas, de letras y medida, los mancebos van desfallecidos, en el foso han caído mientras otros reinos iluminaron sus castillos.
¡Ay, infantes de España!, clama un maestrito, «que el saber se nos muere sin gloria ni apetito».
Van los niños como pollos sin cabeza, sin libros en la memoria, con pantallas de vidrio buscando van la gloria.
Y el pendón de la lógica y de la ortografía se lo lleva el olvido de noche y de día. No hay mesnada que sepa sumar con destreza, ni leer sin tropiezo con noble entereza.
Mas no es culpa, señores de aquestos zagales, pues son buenos mancebos y nobles chavales; es del gran consejo y de la alta nobleza, que en leyes de escuela no aciertan jugada. Mudan libros cada año, mudan la doctrina y la barca del saber se nos va a la ruina.
¡Despertad, caballeros, poned gran cuidado! Que el tesoro más alto nos lo han descuidado. Si el saber se empobrece y flaquea la mente, ¿qué testa ceñirá la corona, la de un burro o una oveja?
Aquí fenece el cantar de este triste juglar, rogando al buen Dios que nos quiera guiar y en los aludidos la responsabilidad despertar.
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