Prado Grande: una frontera administrativa que vuelve a poner el urbanismo sobre la mesa. Las 7.800 viviendas junto a Alcorcón que reabren el debate sobre los límites municipales
El mapa del suroeste madrileño podría incorporar un nuevo desarrollo residencial llamado Prado Grande, una propuesta vecinal que contempla la construcción de alrededor de 7.800 viviendas en el entorno de La Fortuna, Alcorcón y la carretera R-5. El proyecto, presentado por la asociación de vecinos Puerta de Madrid, plantea crear un nuevo barrio con zonas residenciales y espacios urbanos renovados. Sin embargo, lo que más llama la atención es su peculiar ubicación: un desarrollo vinculado a Leganés que se encontraría junto a Alcorcón, separado del núcleo urbano leganense por una autopista y condicionado por una frontera municipal que no siempre coincide con la lógica cotidiana del territorio.
La iniciativa dibuja un nuevo espacio residencial que aspira a transformar terrenos situados entre áreas urbanas ya consolidadas y grandes infraestructuras de transporte. Según la información difundida sobre la propuesta, el planteamiento contempla una densidad media de 60 viviendas por hectárea, con edificios residenciales de entre cuatro y ocho alturas. La imagen presentada apuesta por un barrio con calles arboladas, recorridos peatonales y espacios públicos concebidos para favorecer la vida de proximidad. Sobre el papel, el desarrollo podría contribuir a ampliar la oferta de vivienda en una zona metropolitana sometida a una importante presión residencial, aunque todavía habría que conocer su encaje urbanístico definitivo, sus plazos y las condiciones necesarias para que la propuesta pudiera materializarse.

Una frontera administrativa con consecuencias para los vecinos
La singularidad de Prado Grande está en la relación entre su ubicación y su adscripción territorial. Aunque el nuevo barrio se presenta como un proyecto relacionado con Leganés, su proximidad a Alcorcón abre interrogantes sobre cómo se organizarían los servicios públicos, las conexiones viarias, el transporte colectivo y los equipamientos necesarios para atender a sus futuros residentes. En este tipo de desarrollos, la cercanía geográfica no siempre se traduce en una gestión sencilla: el municipio responsable del suelo no tiene por qué ser el que ofrezca el acceso más directo a los centros educativos, sanitarios o comerciales.
Por ahora, Prado Grande debe entenderse como una propuesta de nuevo barrio y no como una urbanización cuya ejecución esté garantizada. Su eventual desarrollo dependerá de la planificación urbanística, de las autorizaciones correspondientes y de la capacidad de resolver las necesidades de movilidad, infraestructuras y servicios que acompañan a miles de nuevas viviendas. Para Alcorcón, el caso resulta especialmente llamativo porque vuelve a poner de manifiesto cómo las fronteras municipales pueden generar situaciones aparentemente contradictorias: un barrio que mira hacia una ciudad, pertenece administrativamente a otra y puede acabar influyendo en la vida cotidiana de ambas. La pregunta de fondo no es únicamente dónde se construirán las viviendas, sino cómo se integrará el futuro barrio en su entorno y qué garantías habrá para que sus habitantes dispongan de conexiones y servicios adecuados.
*Queda terminantemente prohibido el uso o distribución sin previo consentimiento del texto o las imágenes propias de este artículo.
Sigue al minuto todas las noticias de Alcorcón. Suscríbete gratis al
Canal de Telegram
Canal de Whatsapp
Sigue toda la actualidad de Alcorcón en alcorconhoy.com









