Nueva columna semanal con una pequeña reflexión muy importante para todos. La ventana de Alcorcón: No eres así

Este sábado, desde nuestra ventana de Alcorcón, quiero hacer reflexionar a aquellas personas que suelen decir: «yo soy así».

Sabed que hace años que la ciencia ha demostrado que nuestro cerebro es plástico, y que si eres así es porque quieres serlo. Heredamos una gran carga genética, pero el ambiente, el contexto donde vivimos, como explica la epigenética, influye significativamente en aspectos como la salud y la personalidad.

No somos piedras, renovamos las células de nuestro cuerpo, incluidas las neuronas y sus conexiones. Por lo que, al igual que el resto de eventos que se dan en la naturaleza, nuestra mente, también es dinámica. Nada de lo que pensamos está escrito con fuego ni grabado en la roca.

Pero para adaptarnos al mundo y a los demás, para evolucionar, necesitamos dos cosas: la primera es querer, así de simple. Esta decisión requiere ser valiente porque saldrás de tu zona de confort y podrías descubrir cosas de tí que no te gusten. Deberás aparcar tu ego y enfrentarte a tus debilidades y carencias. La decisión de evolucionar puede ser motivada por el amor, por una experiencia cercana a la muerte o por otros motivos.

Una vez has decidido que sí, tendrás que usar tu capacidad de introspección (o confiar en la ayuda de un psicólogo) para mirarte al espejo y reconocer que no eres perfecto, que tienes virtudes y defectos, incluso que eres tú quien provoca ciertas situaciones, hechos o consecuencias. Que tu verdad no tiene porqué ser más verdadera que la de otros, que has cometido fallos y que los seguirás cometiendo.

La segunda consiste en aceptar todo lo anterior y esforzarte por fortalecer tus carencias, aquellas que sabotean tu vida, mediante la reflexión, el estudio, el autoconocimiento, la gestión emocional, el perdón, la gratitud, escuchar a otros… Todo aquello que te ayude a entenderte a tí mismos y a los demás.

A veces, hay patrones que se repiten en nuestras vidas e incluso pasan de padres a hijos. Si hay uno en la tuya, debes romper el bucle tóxico que te hace correr a ciegas en círculo cometiendo siempre los mismos errores, ya sean en tu carrera profesional, tus relaciones interpersonales o cualquier tipo de decisiones que tomes.

Cuando algo no marche en tu vida como crees que debería hacerlo, deberías responsabilizarte de ello, pararte a pensar desde la calma, sin ego, cuál es el motivo y si es responsabilidad tuya o no. Si lo es, meditar qué debes modificar en tí, en tu modo de ver y sentir o en tu modo de relacionarte con los demás, para producir el cambio que te permita conseguir tu objetivo.

Si no lo es, aceptar que no tienes el control te dará paz calmando tu conciencia.

Así que, la próxima vez que debatas con alguien sobre política, pierdas el trabajo o una pareja, o que discutas con un amigo, y conociéndote ya a ti mismo tras haber hecho los deberes, pregúntate: ¿es por tí? ¿Quieres arreglarlo o evitar que te vuelva a suceder? ¿Qué debes cambiar para ello? ¿Estás dispuesto a hacerlo? Pero nunca digas: «yo soy así».

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