Desde mi Colmena en Alcorcón: ¿De qué lado cargas?

Desde mi Colmena en Alcorcón: ¿De qué lado cargas?

Nueva columna semanal sobre un importante cambio entre lo que es y lo que debería ser el feminismo.

Que no, que no quiero orinar de pie. Ni ponerme corbata, porque no me gustan (ni siquiera en los hombres). Sí quiero pintarme las uñas y defiendo que un hombre haga lo mismo si le apetece, sin temor al vilipendio.

Una de las razones por las que soy feminista es mi defensa de todo ser humano cuyo gusto se haya desarrollado libre de estereotipos, o que haya logrado imponerse a estos.

El caso es que yo quiero ver felizmente realizada a cada persona, sin más rol que el dictado por la esencia natural de cada individuo (libre de ciertos dogmas cuyo origen ha sido siempre la manipulación de una parte de la población). Porque la gente feliz se dedica a construir y crear sobre el buen cimiento de una mente abierta; no malgastan su valiosa —y limitada— energía juzgando a los demás. Y lo más importante: no tienen miedo a la evolución ética.

Una de las cosas que me van quedando claras con los años y su inevitable observación es que, desde sus primeros albores, este mundo se ha dividido en dos únicas razas: la raza estática y la raza evolutiva.

La estática es la del es lo que hay, esto es de toda la vida… Hasta ahí su pobre argumento.

La evolutiva, por el contrario, es la que ofrece respuestas como la siguiente: pues no tiene por qué seguir siendo así, si hay una parte injustamente perjudicada y su mantenimiento sólo obedece al afán de retener el dominio, por parte de los que frenan el progreso aprovechándose de los miedos que ellos mismos fomentan contra el cambio.

Imagino a cada raza cargando desde un lado de la cuerda que conforma una dialéctica tan antigua como nuestra existencia. Los evolutivos tiramos y tiramos para establecer y hacer crecer una cultura sensible, lógica y solidaria. Tiramos en pro de la libertad y la igualdad de derechos para todos los seres vivos, sea cual sea su condición.

Los que cargan desde el otro lado…, ¿por qué? ¿por egoísmo? ¿por miedo? Lo llaman “principios” para sentir que salvan un patrimonio que sólo beneficia a quienes necesitan subyugar a otros.

La carga de nuestro lado de la cuerda se compone de una proporción mucho mayor de mujeres que de hombres, quienes, por otro lado, van aumentando poco a poco su presencia, sumando sus manos a las nuestras para tirar de esa cuerda compuesta de varias hebras, una de ellas el feminismo (gracias al cual, señora, usted puede votar, estudiar, firmar un contrato del tipo que sea, denunciar cualquier agresión venga de quien venga…).

Afortunadamente, cada vez más hombres se liberan de miedos y corsés masculinos y se unen a nosotras, desde una nítida honestidad, partiendo de la premisa: ¿Por qué ellas no? ¿Por qué yo sí y ellas no? Hombres que reclaman que ellas puedan volver solas de noche con la misma tranquilidad que ellos, hombres que se alzan contra ese jefe sobón o contra un maltratador, porque se ponen en nuestro lugar… Por fin, benditos sean, tenemos hombres que realmente caminan junto a nosotras.

Hombres que han empatizado desde la honestidad, y no desde el egoísta “es lo que hay” con el que algunos/as tratan de desalentar todo ánimo de mejoría los de la otra raza, la estática.

El feminismo actual ya no teme admitir (¡por fin!) la diferencia física y biológica. Es más: la defiende del menosprecio con que la interesada raza estática ha estado tratando de justificar una injusta inferioridad de derechos. Este nuevo feminismo evoluciona para asumir que en nosotras yace una esencia producto de las hormonas y todo su comportamiento bioquímico, esencia que durante el mal entendido feminismo (el que nos hacía “mear de pie y llevar corbata”) ha sido reprimida, sofocada, apagada hasta hacernos enfermar. Es decir, ese podemos demostrar que valemos como un hombre (¡pero si yo ya valgo como mujer!), adoptando actitudes continuamente agresivas (especialmente en el ámbito laboral) que, de hecho, ni siquiera la totalidad de los hombres desean ejercer.

De ahí la figura de la alienada “superwoman” que describe magníficamente mi compañera Mar Sánchez, de la Asociación 100 Miradas, en su libro “La llave de la puerta la tienes tú”, texto clarividente como pocos, que denuncia este feminismo con trampa que hemos sufrido mientras destapamos nuestro derecho a ser igualmente valoradas con todas nuestras maravillosas diferencias.

Y es que ahí estaba la trampa: las reglas de este juego las crearon hombres y si no te movías por el tablero como ellos, no valías.

El nuevo feminismo viene a cambiar esas reglas. Y hasta el tablero. Porque ni siquiera la totalidad de los hombres estaban cómodos con ellas. Y el tablero va a dejar de ser blanco o negro para abarcar toda la gama de colores de cada persona, sea del sexo que sea. Porque en el feminismo cuentan las personas, el ser humano como entidad única y con derecho a convivir en igualdad desde el respeto.

En principio “La llave de la puerta la tienes tú” de Mar Sánchez va dirigido a las mujeres que arrastramos una mochila bien cargadita de porquerías acumuladas durante la era patriarcal y posteriormente ese falso feminismo que sólo ha beneficiado al capitalismo, perjudicando gravemente a la mujer y a los niños, antaño signos de prosperidad en una tribu, malignizados por HERODES, S.A., enemigo de las bajas por maternidad.

Ya sólo nos queda que todos nuestros compañeros asuman su responsabilidad para conciliar trabajo y familia (con la misma capacidad de sacrificio que ha ejercido la mujer) y pierdan el miedo de ponerse en este lado de la cuerda.

A todo lo que nos queda por hacer aún se suman los logros que debemos mantener.

¿Cargamos juntos?

Patricia Vallecillo – escritora y presidenta de la Asociación de Escritoras 100 Miradas.

Autora de la trilogía Las abejas de Malia y del cuento Letras para una bruja.

Facebook: Las Abejas de Malia libro

Instagram: escritorapatriciavallecillo

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