Nueva historia de los alumnos del Galileo Galilei. Alcorcón extraño: Los pendientes malditos parte 1

José Luis esperaba a la puerta del instituto Galileo Galilei. Había quedado con dos chicas que habían llamado a la redacción para contar una experiencia increíble y extraña que les había ocurrido hacía poco. Para que le reconocieran, les dijo que llevaría puesta una camiseta negra con la calavera de la película El vengador. Y en cuanto salieron le vieron de inmediato.

Estaban nerviosas, pero decididas a soltar aquello que aún estaban integrando en sus cerebros adolescentes. Le llevaron al Parque de las Comunidades y, en un banco, comenzaron a narrar por turnos su historia. José Luis encendió la grabadora y empezó a tomar notas.

Era sábado por la noche. Dos chicas jóvenes, de apenas veinte años, con un look informal, atravesaban el parque de la Ribota. Es un parque generalmente tranquilo, pero los sábados siempre hay jóvenes pasando el rato. Las dos amigas, Ana y Lucía, no habían quedado ese día con nadie, simplemente lo atravesaban con idea de ir a casa de una de ellas.

De pronto, un destello procedente del césped que se hallaba junto a un frondoso sauce llorón, llamó la atención de Ana. A los pies del árbol, encontraron unos pendientes. Al cogerlos y observarlos más de cerca, se dieron cuenta de que tenían forma de medias lunas y que, por detrás, tenían unos nombres grabados. Parecían destinadas a encontrar aquellos pendientes, puesto que los nombres que se hallaban serigrafiados no eran otros que los de Ana y Lucía.

—¡Qué extraña casualidad! —exclamó Lucía.

—Dirás afortunada, porque son una monada.

Pero aquellos pendientes iban a ser algo más que eso, pues presentaban unas pequeñas motitas rojas que perfectamente podían ser sangre seca.

Instantes después, un hombre de apariencia extraña, vestido todo de blanco, con un estilo ibicenco playero y rematado con un sombrero, se dirigió a ellas mostrando a su vez su pálido rostro:

—Si queréis saber más sobre ellos, debéis creer lo que voy a deciros —anunció el hombre en un leve susurro—. Esos pendientes manchados de sangre están malditos, y todo aquel que se los ponga, acabará asesinado por el alma que los maldijo.

Ana y Lucía no daban crédito a las palabras del hombre y se miraron atónitas con sonrisas nerviosas. Cuando se volvieron para preguntar algo más al misterioso sujeto de blanco, el tipo ya había desaparecido tan súbitamente como había llegado hasta ellas.

Decidieron ir a casa de Lucía, un pequeño chalé de dos plantas con jardín y piscina, en las afueras de la localidad. Cenaron algo rápidamente en la encimera de la cocina y subieron a los dormitorios. El día había sido largo y a la mañana siguiente querían ir a correr temprano.

Sin acordarse del extraño suceso del parque, dejaron los pendientes en un guarda todo sobre la cómoda de la habitación de invitados en la que se quedaría Ana.

—Ana, tienes una colcha en el armario, por si te da frío esta noche.

—No hará falta, muchas gracias, nena. Hace un calor espantoso y yo siempre tengo que dormir con la ventana abierta.

—Como prefieras. Que descanses

Al ser verano, la ventana de Ana no era la única que estaba abierta en el chalé, de ese modo dejaban entrar una leve y agradable brisa nocturna. Lucía le daba vueltas al extraño suceso del parque y a duras penas logró conciliar el sueño gracias al hipnótico ondular de los visillos de su propia ventana.

Unas horas después, Lucía despertó sobresaltada. Había creído escuchar un ruido en la planta de abajo. Probablemente el gato andaría enredando en la cocina. ¿Se habría olvidado de ponerle la cena?

—Sería mejor que fuese a comprobarlo.

Relato de los alumnos de 2A del instituto Galileo Galilei. Continuará.

*Queda terminantemente prohibido el uso o distribución sin previo consentimiento del texto o las imágenes propias de este artículo.

Sigue al minuto todas las noticias de Alcorcón. Suscríbete gratis al
Canal de Telegram
Canal de Whatsapp

Sigue toda la actualidad de Alcorcón en alcorconhoy.com

Artículo anteriorElena Serna, medalla de bronce en la Olimpiada Española de Química desde el Colegio Amanecer de Alcorcón