Nueva opinión semanal sobre la vida pasada, presente y también el futuro en base a las creencias. La ventana de Alcorcón: ¿Y ahora?
Es curioso, me he dado cuenta de que la vida está llena de ciclos: algunos lineales y otros circulares que te devuelven a la casilla de salida. Aquellos que se interrumpen por diferentes motivos, en ocasiones, dejan algo de esperanza. Una puerta abierta por la que se cuela un resquicio de ilusión. ¿Será una ilusión baldía creada por nuestro propio cerebro que nos dice que todo volverá a ser como al principio, para no asumir la cruda realidad? ¿O será en verdad una posibilidad real?
Sea como fuere, el único modo de averiguarlo es seguir viviendo, pues tarde o temprano llegará el momento en que descubriremos porqué ocurrió todo lo que nos ocurrió.
Si algo he aprendido tras más de cuatro décadas en este valle de lágrimas, es que somos la suma de nuestros genes y de lo que hemos aprendido de nuestras experiencias, matizando que siempre habrá gente que no aprenda, por lo que en consecuencia, no acumularán la sabiduría que les permita vivir con plena conciencia.
¿Para qué querríamos vivir con plena conciencia? Muy fácil: para saborear todos los pequeños placeres de la vida con su máxima intensidad. Porque lo más satisfactorio suelen ser infinidad de pequeñas cosas que por añadidura ni siquiera son caras ni difíciles de conseguir.
Creo que casi cualquier rico diría que tiene más de lo que necesita y que le faltan cosas que no puede conseguir con dinero. Más allá de tener las necesidades básicas cubiertas, no sufrir mirando la cuenta bancaria con frecuencia y disfrutar de algo de ocio, el resto, aunque bienvenido, es prescindible.
Me hallo en un ciclo interrumpido, en un impasse que como resultado, me ha terminado de hacer arribar a una etapa infantil y de mi adolescencia en la que luchaba por creer, por una fe que no logré. Fe en algo más grande que explique porqué hay tanto dolor en el mundo, porqué el amor verdadero puede llegar a ser imposible, porqué los malos se salen muchas veces con la suya, porqué mueren inocentes o porqué el esfuerzo muchas veces no tiene recompensa.
Quiero pensar que todo ocurre por algo, que hay un plan para cada uno y que se nos va revelando en los momentos adecuados mediante hechos o personas. Solo pido claridad mental para ser consciente cuando llegue cada uno de ellos y así poder tomar las decisiones correctas.
Ahora no puedo decir que tenga fe, pero sí que me encuentro tan roto, tan desorientado, que he acudido desesperado buscando consuelo en el recuerdo de aquella sensación infantil que tenía al entrar en un templo: seguridad; y he rezado con intereses, con carácter retroactivo, para mantenerme fuerte y firme en mis convicciones que además van contracorriente, en unos valores que muchos han olvidado: lealtad, responsabilidad, disposición para ayudar al prójimo, la importancia de la palabra y de cumplir con lo acordado… Hubo tiempos en los que un apretón de manos tenía la misma validez o más que hoy un contrato, porque en ese apretón estaba en juego el honor de los que se lo daban.
Creo que existe una tercera posibilidad frente a la dicotomía de creer o no creer, y es la de querer creer, vivir como si todo lo que me explicaron de pequeño fuera verdad. Nunca sabemos el impacto que pueden llegar a tener en la vida de los demás pequeños gestos de generosidad, compasión o respeto. (Gracias Artemio Revilla, por intentar ayudarme en un momento de mi vida en el que lo necesitaba: aunque no te hice mucho caso por mi falta de madurez, por mi ignorancia, y por lo débil que era en ese momento, fue la primera vez que alguien confió en mí y me asignó responsabilidades, y nunca lo he olvidado pese a que nuestros caminos de separaron en direcciones opuestas y por ello la responsabilidad es uno de mis valores, se lo intento inculcar a mis hijas y cada vez que comienzo una nueva formación me acuerdo de tí).
Si al final del todo hay luz, haré una fiesta con todos aquellos a quienes perdí, algunos demasiado pronto; y si no la hay, tampoco habré perdido nada, pues habré aliviado de algún modo la carga de unas cuantas almas.
¿Y ahora? No sé si será suficiente con querer creer, pero tendrá que serlo y que Dios me perdone por ello en su infinita misericordia.
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