Un nuevo relato para esta sección semanal de cada sábado con muchos misterios. Alcorcón extraño II: Algo ocurre en El Copazo
El aviso llegó a la redacción una tarde de martes. La encargada de la taberna “El Copazo”, había llamado con una petición que empezaba a ser habitual: alguien debía investigar los sucesos que ocurrían en el bar tras el cierre. Como ya era habitual, la historia acabó en manos del columnista de misterios José Luis de alcorconhoy.com.
Cuando le llamaron, se disponía a hincar el diente en una pizza barbacoa, por lo que le sentó bastante mal tener que guardarla en la nevera. Pero el deber era lo primero. Cogió su kit de costumbre y fue antes de la medianoche, cuando los clientes se empezaban a marchar con caras de satisfacción mientras los empleados iniciaban el ritual de limpieza y recogida.
El encargado lo recibió en la barra y, tras asegurar el cierre, se sinceró con él.
—Gracias por venir. Sé que el motivo de nuestra llamada le habrá parecido ridículo —confesó el hombre.
—He escuchado de todo, no se preocupe —respondió José Luis con profesional sosiego.
—Desde hace dos semanas pasan cosas raras después de cerrar.
—¿Qué tipo de cosas? —quiso saber él.
El hombre dudó un instante antes de proseguir:
—Productos que aparecen cambiados de sitio. Cajas abiertas. Botellas que ruedan solas…
—Eso puede tener muchas explicaciones.
—Sí, pero hay algo más —se inclinó, bajando la voz—. A veces vemos… algo pequeño.
José Luis arqueó una ceja.
—¿Un niño?
—No —señaló el suelo con un gesto impreciso—. Más pequeño.
A las doce, el bar quedó sumido en un pesado silencio. Las luces permanecían encendidas, proyectando una claridad que contrastaba con la oscuridad exterior y se podía escuchar el zumbido eléctrico de las cámaras frigoríficas. José Luis recorrió la taberna tomando notas; todo resultaba normal, demasiado normal.
A las doce y poco el silencio se quebró: un golpe seco, seguido de otro, retumbó desde el almacén. José Luis avanzó con cautela y, al llegar a la puerta, que estaba entreabierta, esta se cerró con un portazo. No había nadie allí más que ellos dos, pero una caja de cervezas cayó al suelo y se deslizó unos centímetros más, como si una mano invisible la empujara.
El investigador enfocó con su linterna hacia el vacío, pero no vio nada. Entonces, una risita aguda y breve, similar a la de un niño, sonó en el aire desde algún punto indeterminado.
—¿Hay alguien ahí? —preguntó el encargado al aire.
El silencio fue la respuesta, hasta que un servilletero se desplomó. Luego otro. Las botellas comenzaron a agitarse en una danza nerviosa, una tras otra. José Luis retrocedió un paso justo cuando algo cruzó delante de los dos a una velocidad inverosímil… EL FINAL CUANDO SALGA PUBLICADO ALCORCÓN EXTRAÑO II , JUNTO CON RELATOS INÉDITOS.
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