Un nuevo relato para este sábado con una historia sin final. Alcorcón extraño: El Reflejo
La llamada llegó a la redacción de alcorconhoy un martes de abril con un calabobos que te hacía sentir como tal si no habías cogido el paraguas. No era un aviso de sucesos habitual; era la voz de una mujer anciana que pidió hablar con el señor que escribe sobre fantasmas. José Luis dejó su descafeinado a medio terminar y se puso al teléfono.
—En el estanque del Parque de la Ribota —dijo la mujer—, el agua no miente. Pero lo que muestra no es de este tiempo. Venga antes de que anochezca del todo y lo entenderá.
José Luis recogió su equipo y cogió el autobús 520. Al llegar al parque, el cielo tenía el tono violáceo que precede a las tormentas. Vio a una mujer junto a la valla del estanque que vestía un viejo abrigo negro tres cuartos y sostenía una bolsa de pan duro que estaba lanzando a los patos. Le miró haciéndole un ademán de cabeza para que se aproximara.
—Mire el centro del agua —señaló ella sin saludar tan siquiera.
José Luis se acercó. El agua estaba estancada, con ese color verde y olor a lodo que le resultaba tan familiar debido a sus cientos de paseos por Alcorcón. Al principio no vio nada, solo las ondas que provocaban las gotas de lluvia al caer en el líquido elemento. Pero entonces, el viento se detuvo y se hizo un silencio absoluto.
En el reflejo del estanque, no aparecían los árboles ni edificios colindantes. En su lugar, el agua devolvía la imagen de un campo yermo; de una llanura de tierra roja bajo un sol abrasador. Y en mitad de ese campo, una figura caminaba con pasos lentos de un lado a otro.
—¿Qué es eso? —preguntó José Luis encendiendo la cámara, preparando el trípode y mirando a su alrededor para localizar el posible origen del reflejo.
—Es Alcorcón antes de ser Alcorcón —susurró la anciana—. Es el hambre que se quedó pegada a la tierra.
José Luis enfocó el objetivo. En la pantalla de su móvil, la imagen empezó a volverse granulada y con interferencias, como si el dispositivo luchara por procesar dos realidades a la vez. De pronto, la figura del reflejo se detuvo. Giró la cabeza y miró directamente a José Luis. Sus ojos eran dos hoyos negros. Un estallido rompió el aire, todo de volvió blanco por un instante. y una onda expansiva recorrió el estanque. La imagen había desaparecido.
José Luis revisó la grabación al instante con gran nerviosismo…
El final, cuando salga publicado el libro.
*Queda terminantemente prohibido el uso o distribución sin previo consentimiento del texto o las imágenes propias de este artículo.
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